Parque Nacional Ansenuza

El Parque Nacional Ansenuza despliega un mosaico de vida que empieza en sus aguas salobres, hogar del resistente pejerrey y de algas microscópicas que tiñen el espejo acuático de matices verdes y dorados al amanecer. Sobre esas aguas fluctúan bandadas de flamencos australes, sus plumas rosadas resaltando entre garzas blancas y parejas de cisnes que llegan en invierno. Los charcos temporales y los bañados cercanos atraen también a chorlos, patos de pico ancho y águilas pescadoras que acosan incansables a sus presas. Para el fotógrafo, cada recodo del sendero es una oportunidad: la luz rasante se filtra por las ramas de los bosquecillos ribereños, creando reflejos perfectos en las plataformas de observación, mientras los patrones de vuelo y los destellos metálicos de las alas ofrecen tomas únicas. Los atardeceres sobre la laguna, cuando el cielo se incendia en naranjas y violetas, convierten el agua en un lienzo vivo, ideal para inmortalizar la armonía entre fauna y paisaje.